Qué movida que ya se nos eche encima el 3 de septiembre con su Luna Nueva en Virgo: ese novilunio (novilunio) por el grado 11 y que todavía no será eclipse pero que, en cualquier caso, nos da pie para continuar con esta genial serie sobre los signos del zodiaco y sus posibles equivalencias o maneras de acercarnos a ellos a través de cuentos populares o de hadas.
Si te interesa más al respecto o conocer el origen de estos artículos, échale un vistazo a los especiales previos dedicados a Cáncer y a Leo —y, de paso, conoces a mi querida Vero, que fue la inspiradora gracias a sus dotes tarotitstas y empollones (tiene Júpiter en 1 y en Géminis… o sea, que aprende todo el rato… y encima lo chismorrea).
En cualquier caso, hoy le toca el turno a Virgo.
Si me sigues —que lo mismo me estás apenas empezando a conocer— déjame repetirte que, cuando yo empecé a estudiar Astrología —allá por el Paleolítico— tenía a una maestra que me enseñaba también a lo antiguo: esto es, hablando y hablando y hablando. En plan, rollo diálogo en atrio griego o romano. Pura dialéctica y un porrón ejemplos.
Fue ella quien me inculcó este respecto al signo de Virgo. No es gratuito porque mi maestra era un máquina de la Cábala: y, claro, en el Zodiaco constituyente —aquí tienes un artículo al respecto— Virgo es el último del zodiaco. El que cuando todos los demás han hecho el jaleo, la han liado gorda, se la han pasado de escándalo… él se ocupa de barrer, limpiar, apagar las luces y cerrar la puerta.
O sea, respect total por su valor dentro del zodiaco,—y ya que hablamos de respeto, a este signo no le vendría de más rendírselo a sí mismo por todo lo que logra y dejarse de tanta (auto) crítica.
Además, supongo que podrás imaginarte que otros temas y características rondan cuentos de hadas vinculados con Virgo:
Esto nos permite Supongo que además podrías imaginarte cuál imaginar, que este quizá sea ç
— deseo de perfección /altas expectativas
— rigurosidad
— desconfianza (o falta de confianza, según se mire) que se gestiona con ingenio e inteligencia, lo cual también nos conecta con…
— … organización, planificación y estudio (recuerda, porfa, que en este signo se domicilia y exalta Mercurio).
— Y, no podía faltar, el tema del servicio.
Pues bien, hoy me vas a permitir hoy que no use el cuento propuesto por mi amiga —por cierto, era La Cenicienta, y eso que nos habría servido un montón porque, ¿qué te voy a contar? La Ceci es una reina del multitasking, limpia que da gusto y tiene un tema con las hermanastras (¿Hola, todo tema Mercurial?).
En lugar de ese relato, le meteremos mano a otro muy cojonudo, super acertado y que probablemente también conoces.
¿Qué cuento es?
Toma nota: La princesa y el guisante. Que si no te lo conoces, te lo resumo en seguida, pero déjame antes hacerte el breve inciso sobre su autor, Hans Christian Andersen, al que, por razones totalmente subjetivas le tengo un montón de cariño.
Hans nace en Dinamarca con el Sol exaltado y Mercurio conjunto y en casa 3 —o sea, que algo de escribir sabía— y aparte de ser un viajero loquito —Ascendente en Sagi—, durante un tiempo soñó con ser cantante de ópera —Luna en Tauro, Venus en 3 y exaltado en Piscis.
Lo de la ópera como que no, pero ese Venus marítimo le permitió escribir La sirenita y le trajo un cacho de proyección profesional (regente de 10). Hans, aparte, tiene otros cuentos muy conocidos como El patito feo, La reina de las nieves o El soldadito de plomo. Como me decía un profe de literatura, antes del boom latinoamericano y del realismo mágico, estaban Andersen y estaban las compilaciones de los Hermanos Grimm.
Además, un detalle que me hace tenerle afecto a ese escritor es su por Málaga, mi tierra natal: y le gustó tanto, que en su libro Viajes por España, de 1863, le dedicó todo un capítulo. Y cuentan que afirmaba “En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga”,
Supongo que sería verdad, porque mi ciudad natal es muy generalísima. Si no la conoces, ya estás tardando. Y que sepas que, en frente de la Plaza de la Marina, tienes una estatua de Andersen sentado a un banco, para que te hagas la selfie de rigor con él (y el McDonalds del otro lado, LOL).
Y ahora vamos con el cuento —te lo resumo rapidito.
Todo empieza con el príncipe del cuento que quiere casarse, pero no con una princesa cualquiera, sino con la princesa más princesa del mundo mundial (ya empezamos con las altas expectativas y anhelos de perfección).
Claro, sale a la búsqueda y nada más que se lleva palos: conoce a muchachas —o quizá también a muchachos, lo mismo anda en modo experimentación— y ninguna le parece que cumple sus deseos. Siempre hay alguna minucia, detallito que lo fastidia o no lo convence. Así que nada: se vuelve a su castillo a llorar la pena.
Hasta que, día de tormenta total, toca al castillo una muchacha que llega chorreando y en plan modo piltrafa—curioso aquí Piscis como signo opuesto, desordenándole el peinado y las ropas, inyectando a la escena misterio y lluvia—pero que asegura que es una princesa y que necesita cobijo para la noche.
Puede ser que el príncipe, lo mismo, como que la encuentra atractiva —Virgo, a pesar de ser caída de Venus, es signo estilizado, de formas sobrias y elegantes— pero la Reina Madre se fía bien poquito y le habla a los criados: A ver, preparadles la cama más incómoda de la historia. Con un montón de colchones y edredones y un guisante debajo. Si por la mañana dice que ha dormido como el p*to culo, entonces ya podemos ir poniendo fecha de boda.
Yo he decir que adoro la imagen de esa torre de colchones —rollo piso de trece plantas, como donde vive una de mis tías — y la de esa la princesa dando vueltas entre las sábana, con sueños raros, incapaz de pegar bien ojo.
Claro, a la mañana siguiente, cuando le preguntan en el desayuno a la muchacha que qué tal ha dormido, responde que fatal. Pero es que además se ha despertado con moretones por medio cuerpo porque había algo duro entre los colchones o vete a saber que, joder, cómo le molestaba.
Y poco más. El resto ya te lo sabes.
A la Reina y futura suegra se le enciende la lamina:
— Para mí que eres de Virgo —le dice sirviéndose más café.
— Del 14 de septiembre —responde la muchacha—. ¿Y tú cómo lo sabes?
— Pues porque he estudiado con Emilio, en su Escuela Cósmica de la Mochila Astrológica y como el Sol además es significador de maridos o reyes y mi hijo es otro tiquismiquis, pues estaba que ni pintado.
LOL.
Vale, ok. Este último diálogo no sucede en el cuento. Hans tenía su imaginación pero lo de estudiar online todavía no se llevaba por la época.
Al final, lo que hay es bodorrio, el príncipe feliz por tener a la princesa más princesa del mundo mundial y luna de miel en Japón, que tiene ahora muy baja la divisa. FIN.
***
Bien. Vamos con el análisis.
Por ejemplo, las analogías de Virgo y el príncipe y la princesa son fantásticas. Si lo piensas, él es un meticuloso: sale a la búsqueda de enamorada, conoce a un porrón de tías, pero siempre les encuentra algo (no sería una búsqueda sagitariana: también haría al príncipe instatisfecho pero después de divertirse y acostarse con todas).
Y es que Virgo no puede evitarlo rige procesos de optimización. Y recuerda que tiene a Mercurio domiciliado y exaltado: o sea, piensa y analiza de manera casi obsesiva-compulsiva. Siempre va a haber algo que mejorar, algo que clasificar, algo a lo que ponerle la etiqueta: La etiqueta de la Más princesa de todas las princesas del mundo mundial.
Respecto a la princesa, pues ya ves: requete sensible al guisante debajo de esa torre de colchones —una cama alargada y multiplicadísima, muy mercurial—. Virgo sufre de (auto) crítica e intolerancia; en Cábala se le conecta con las alergias. O sea, hay una suerte de hipersensibilidad a determinados elementos exteriores. Y también somatización en el cuerpo: que son los moretones de por la mañana. Además la princesa no logra pegar bien ojo, que es la gran habilidad de su opuesto zodiacal, Piscis, un filmado del mundo se emociona flipado del mundo surreal.
¿Y la suegra? ¿Qué hacemos con la Reina Madre? En realidad tiene algo muy libriano: pues trama, conspira, con inteligencia, pero lo hace con el objetivo de, si funciona, facilitar una unión. Y las uniones son muy venusinas (y, si son amorosas, con más motivo).
Pero también podemos verle cierto toque à la Virgo: la reina está en contacto con los criados y es quien encuentra la manera, la que puede llevar a cabo la prueba de escrutinio —con mucho, mucho, mucho ingenio, y mediante una idea mercurialísima— para averiguar de manera eficiente si esa es la Princesa apropiada y buscada por su hijo o no.
Ella misma usa su inteligencia para ayudar a otra persona: a su hijo, en este caso —pero nos subraya la idea de poner la lógica al servicio de los demás.
***
El texto se presta por supuesto a tirar mucho más del hilo pero mejor nos plantamos ya por aquí —y, si te apetece, puedes dejarme tus comentarios aquí abajo.
Entre tanto, ¿qué conclusiones ya podemos sacar?
Pues las de siempre: que ser Virgo es un coñazo (ser su opuesto también ^^). O lo que es lo mismo: tanto darle al coco y tanto darse con el látigo puede ser un poquito complicado a veces. Y por otras: hay algo de honorabilidad, anhelo de perfección y de ejemplo de contención en este signo que a mí me enternecen.
Así que nada, ojalá te inspire este cuento para conectar con la zona Virgo de tu carta natal, con los planetas que puedas tener, y con las amistades, familiares y amores Virgo: me valen también y sobre todo la Luna y el Ascendente en Virgo; pero el Mercurio y el Venus y el Marte también; y hasta el Saturno, que en este signo de tierra carga mucha fuerza y responsabilidad y ansiedades.
A todos vosotros y vosotras, a esos planetas, a esa zona: un abracito, una palmada cariñosa en la espalda, más bachata, ropa ligera y una señal de agradecimiento por todo esto que hacéis por el resto del zodiaco.
Feliz Luna Nueva en Virgo —novilunio, ¡novilunio!
Imagen de Katharina N. en Pixabay





Ja ja como me he reido soy Virgo y ascendente piscis y mi como decirte que no es asi. Tal cual
Muy divertida manera de entendernos mejor a nos y a los demás.
Muchas gracias
Vaya ,vaya,que me encantó, sol ,marte y mercurio en virgo en casa 3,y que recuerdos con mi padre me decía que era la princesa del guisante, no podía dormir en cualquier cama y además sin bañarme antes jejeje !
Jeje, gracias, María. Menuda mercurial / à la Virgo que estás hecha. Gracias miles.
Ja ja como me he reido soy Virgo y ascendente piscis y mi como decirte que no es asi. Tal cual
Muy divertida manera de entendernos mejor a nos y a los demás.
Muchas gracias
Feliz de que te divirtiese —y como siempre añado: feliz aún más si me compartes!
Qué maravilla Emilio, un gusto leerte. ¡Me encantó!
Jaja, gracias miles, querida Alicia.